Exposición Microdosis para domar al hipopótamo interior – Sala 3

Sala 3 

III. NarcosLab y Edgar Jiménez: archivo y geografía del hipopótamo

La Sala 3 de Microdosis para domar al hipopótamo interior está dedicada a explorar la adaptación social, cultural y ecológica del hipopótamo en Colombia, combinando el trabajo de Edgar Jiménez “El Chino” y de NarcosLab, dirigido por el periodista Alfonso Buitrago.

Por un lado, Jiménez aporta el archivo histórico y testimonial: fotografías que documentan la llegada de los hipopótamos a la Hacienda Nápoles, así como imágenes de su permanencia en el imaginario narco. Por otro lado, NarcosLab ofrece una mirada contemporánea y participativa sobre cómo el animal ha sido integrado en la cultura popular: fotografías de souvenirs, figuras y representaciones del hipopótamo, que muestran cómo la fauna invasora se ha convertido en símbolo de fascinación y objeto de consumo cultural.

Complementando esta lectura, un video aéreo con dron de NarcosLab despliega la geografía del Magdalena, donde los hipopótamos se mueven y reproducen. La región, densamente poblada, está salpicada de pozos y lagunas que permiten la supervivencia y expansión de la especie. La obra combina la observación científica con la narrativa audiovisual, mostrando cómo un animal originalmente foráneo se ha adaptado a un ecosistema modificado por la acción humana, al tiempo que revela la tensión entre naturaleza, urbanización y cultura narco.

Esta sala articula archivo histórico y visualización contemporánea, proponiendo al espectador una reflexión crítica sobre la circulación del mito, la adaptación de lo desbordado y la dimensión cultural del exceso. Jiménez y NarcosLab no solo documentan; intervienen en la memoria colectiva, transformando el exceso del hipopótamo en microdosis de conciencia, un puente entre lo ecológico, lo simbólico y lo social.

En esta sala, dedicada al archivo y la investigación del hipopótamo colombiano, Stinkfish aporta una de las pocas piezas de escultura de la exposición: Divino hipopótamo (2025), un muñeco adaptado donde la figura del Divino Niño se transforma en hipopótamo, con capa y camuflaje, y su rostro sustituido por el del animal.

La obra se inscribe en la tradición del sincretismo y la fábula contemporánea: toma un icono religioso popular, símbolo de protección y guía, y lo cruza con la figura del hipopótamo, animal invasor y metáfora del exceso cultural y económico. La inversión simbólica —de lo sagrado a lo monstruoso, de lo pequeño a lo desbordado— genera un diálogo crítico entre devoción, iconografía popular y la carga social del narcotráfico.

El gesto de Stinkfish, que adapta un objeto cotidiano y lo transforma en escultura simbólica, conecta con las investigaciones de NarcosLab sobre la circulación cultural del hipopótamo en souvenirs, figuras y representaciones populares, mientras que su intervención irónica y lúdica refuerza la reflexión sobre la fusión entre mito, consumo y exceso. La pieza funciona como microfábula tridimensional, un puente entre la ironía urbana del artista, la memoria documental de Jiménez y la cartografía simbólica de NarcosLab. Al mismo tiempo, invita al espectador a revisar la sacralización del exceso, la complicidad cultural con lo invasor y la forma en que los símbolos se resignifican en el imaginario nacional.

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