El “tusi” en Colombia ha dejado de ser una simple anécdota de fiesta para convertirse en un fenómeno de salud pública cuya profundidad apenas empezamos a dimensionar. Recientemente, la detección de xilacina —un potente sedante veterinario— en muestras analizadas, ha encendido nuevas alarmas. Esta sustancia, junto con el reporte recurrente de casos de isquemia, necrosis y el síndrome de “vejiga ketamínica”, comienza a develar daños a mediano y largo plazo que afectarán no sólo a quienes consumen, sino al sistema de salud y a la sociedad colombiana en las próximas décadas.
Bogota, mayo 26 de 2026.
Aunque no tenemos conocimiento directo ni verificado sobre casos ocurridos recientemente en Medellín, hemos leído con atención el reporte realizado por un médico a través de redes sociales, el cual ha sido acompañado de comentarios similares por parte de otros profesionales de la salud. No obstante, sí conocimos un caso reportado en Cali hace aproximadamente dos años, en el que se presentaron amputaciones de extremidades asociadas presuntamente al consumo problemático y reiterado de tusi (el cóctel). Aunque estos eventos son poco frecuentes, sí evidencian la necesidad de fortalecer las estrategias de análisis de sustancias, información pública y reducción de riesgos y daños.
Para empezar es importante aclarar que en dicho artículo publicado en redes sociales, aparece una vez más la confusión que es necesario aclarar. Por un lado, se menciona el consumo de 2C-B, una feniletilamina psicodélica específica, y por otro se habla de “tusi” entendido como una mezcla de sustancias como ketamina, cocaína, MDMA u otros compuestos. Aunque hace más de una década desciframos la confusión, es importante hacer énfasis en que no son lo mismo y debemos evitar que popularmente continúe este error, no son lo mismo y es fundamental diferenciarlos para evitar desinformación[1].
Es importante aclarar que en los primeros análisis de sustancias que realizamos entre 2012 y 2015, encontramos que algunas muestras de tusi rosado sí contenían pequeñas cantidades de 2C-B, generalmente alrededor del 5%. Sin embargo, con el paso de los años esa presencia fue disminuyendo progresivamente hasta prácticamente desaparecer.
Hoy en día, las muestras que analizamos de tusi en contextos de fiesta rara vez contienen 2C-B; podría decirse que su presencia es prácticamente nula. Lo que actualmente circula bajo el nombre de “tusi” en Colombia corresponde más bien a mezclas variables e impredecibles de sustancias como ketamina, MDMA, MDA, cafeína, cocaína y otros compuestos o adulterantes, incluyendo medicamentos como benzodiacepinas e incluso opioides como la oxicodona, cuya presencia reportamos desde el año 2022.[2]
Esto evidencia que el tusi no funciona como una sustancia definida, sino como una formulación cambiante cuya composición depende de múltiples factores: los efectos buscados por los consumidores, la disponibilidad de insumos provenientes tanto del mercado legal como ilegal, y las dinámicas locales de producción y distribución. Como resultado, cada lote puede presentar combinaciones químicas distintas y perfiles de riesgo profundamente variables.
Por eso es importante aclarar que el “tusi” contemporáneo no debe entenderse como sinónimo de 2C-B. Aunque el nombre proviene de una adaptación fonética de “two-c-b”, en la práctica son fenómenos distintos. Esto genera una percepción errónea entre consumidores, medios de comunicación e incluso algunos sectores de salud, que tienden a asumir que están hablando de una sola molécula, cuando en realidad se trata de una mezcla de composición altamente cambiante.
Hipótesis sobre isquemia, necrosis y amputaciones
El principal problema del tusi es que no corresponde a una sustancia específica, sino a una mezcla altamente variable e impredecible. Aunque en Colombia muchas muestras contienen ketamina como base, junto con MDMA o MDA, cafeína y algunos edulcorantes o colorantes, los demás componentes pueden cambiar enormemente entre un lote y otro[3]. Además, al tratarse de producciones artesanales de rápida circulación y consumo, con lotes pequeños, en la mayoría de los casos no alcanzamos a conocer su composición exacta porque las muestras no llegan a laboratorios, hospitales, toxicólogos o programas de reducción de riesgos y daños como el nuestro.
Un tusi nunca es igual al otro. Su composición cambia constantemente debido a la fabricación ilegal y artesanal, la ausencia de estándares de control o regulación que son propios de un contexto prohibitivo y la producción en pequeños lotes de rápida distribución y consumo. A esto se suma la falta de inversión estatal en investigación, monitoreo y análisis de sustancias en los territorios donde realmente ocurre el consumo como fiestas en contextos comunitarios e íntimos, barrios e instituciones educativas. Además, en las etapas iniciales o recreativas muchas personas no sienten la necesidad de saber qué están consumiendo porque los efectos adversos no suelen ser inmediatos; el problema es que, cuando aparecen los daños graves, muchas veces ya es demasiado tarde.
Frente a estos casos de afectaciones vasculares severas, existen varias hipótesis plausibles, aunque todavía no hay evidencia suficiente para establecer una causalidad directa.
La primera hipótesis apunta al levamisol, un antiparasitario veterinario ampliamente utilizado como adulterante de la cocaína. Diferentes estudios y análisis en Colombia han encontrado levamisol en un porcentaje significativo de las muestras de cocaína, variando según la región entre el 30 % y el 70%.[4] Esta sustancia ha sido asociada con agranulocitosis, vasculitis cutánea y procesos de necrosis tisular que, en casos extremos, pueden derivar en amputaciones. De hecho, en 2015 investigadores de la Universidad CES de Medellín reportaron tres casos clínicos de vasculitis asociada a cocaína adulterada con levamisol[5], y nosotros hemos encontrado cocaína en un porcentaje considerable de muestras de tusi.[6]
La segunda hipótesis, es que la ketamina en grandes cantidades, usas de forma crónica o al mezclarse con otras sustancias (que aún desconocemos), esté derivando en isquemia, dado que lo que sí sabemos, como lo informamos desde agosto del año 2025[7], es sobre la “vejiga de ketamina” (o síndrome de vejiga ketamínica) es una afección inflamatoria y dolorosa del tracto urinario causada por el consumo crónico y abusivo de ketamina, así como dolores abdominales intensos y calambres gastrointestinales conocidos popularmente como k-cramps (Muetzelfeldt et al. 2008).
Tres de los componentes más encontrados en el tusi pueden derivar en necrosis y amputaciones, la ketamina produce cistitis crónica y muchas veces hay que extraer la vejiga, el MDMA, otro de los compuestos frecuentemente encontrados en el tusi, puede producir vasoconstricción periférica y vasoespasmo sostenido, que puede derivar en infarto isquémico y el levamisol de la cocaína puede derivar en necrosis. No obstante es importante evitar conclusiones simplistas o alarmistas, porque de ser así la mayoría de los consumidores de tusi estarían amputados.
El reto de la salud pública, los usuarios, los cocineros, es identificar si estos eventos están relacionados con una combinación específica de sustancias, con determinados adulterantes, con prácticas de consumo particulares o incluso con condiciones médicas previas de las personas afectadas, porque pese a que en Colombia podría haber cerca de medio millón de personas consumidoras de tusi de forma ocasional, no se reportan más de 10 casos a lo largo de la historia del tusi en Colombia.
La tercera hipótesis, todavía preliminar y pendiente de mayor investigación, es la presencia de xilacina. Desde nuestros servicios ya hemos identificado este potente sedante y relajante muscular de uso veterinario en muestras de tusi: dos hallazgos durante el segundo semestre de 2024 —posteriormente confirmados por el Ministerio de Justicia[8]—, seis muestras en 2025 y dos más en lo corrido de 2026, detectadas preliminarmente mediante tiras reactivas. Estos hallazgos han sido posibles gracias a los servicios de análisis de sustancias realizados directamente con personas usuarias, lo que nos ha permitido emitir alertas tempranas e informar inmediatamente sobre los riesgos asociados a este tipo de mezclas.
Aún no podemos relacionar la xilacina con estos caso en Colombia, pero lo que si esta bastante bien documentado es la relación directa con necrosis y amputaciones en Estados Unidos dado que es uno de los principales adulterantes del fentanilo[9]. Este quizás podría ser el detonante que estamos buscando, pero hay que investigar para tener certeza. No obstante estos casos de necrosis están asociados al consumo inyectado de fentanilo adulterado con xilacina, mientras que en Colombia, al parecer, la vía de administración predominante sigue siendo la intranasal o esnifada en mezclas de tusi, lo que implica dinámicas de riesgo potencialmente diferentes.
La adulteración e incertidumbre no es la excepción, es la regla
Hasta hace unos años la sustancia más adulterada era la Cocaína, sin embargo, en los últimos años hemos observado un fenómeno paradójico, debido al aumento de la producción y a la expansión del mercado local, en algunos contextos la pureza de la cocaína ha mejorado y la adulteración ha disminuido parcialmente. Aun así, la cocaína de calle —la que circula en plazas u ollas— continúa presentando niveles importantes de adulteración, con promedios que rondan el 25 % de pureza de cocaína y un 75% de sustancias añadidas, entre ellas levamisol, cafeína y anestésicos locales.
No obstante, el caso del tusi es mucho más complejo. A diferencia de otras drogas, el tusi no corresponde a una sola molécula o sustancia definida, sino que desde su origen es una mezcla impredecible de drogas, medicamentos, químicos, colorantes, edulcorantes y otros compuestos que pueden cambiar de un lote a otro e incluso de un día para otro. Eso significa que muchas veces ni quienes lo consumen, ni quienes lo venden, saben exactamente qué contiene. En la práctica, las personas usuarias terminan expuestas a verdaderos experimentos químicos informales, donde los productores modifican fórmulas constantemente buscando efectos más intensos, mayor rentabilidad o diferenciación en el mercado.
En la práctica, para quienes producen mezclas ilegales suele ser más fácil acceder a formulaciones veterinarias de ciertas sustancias, como ocurre con la ketamina. Esto se debe a que los controles sobre medicamentos en el ámbito hospitalario humano suelen ser mucho más estrictos, mientras que el mercado veterinario tiene una cadena de distribución más amplia y vulnerable al desvío hacia circuitos ilegales.
Que ocurre con la isquemia y sus síntomas
Es un fenómeno patológico caracterizado por la restricción aguda o crónica del flujo sanguíneo arterial hacia un tejido, grupo muscular u órgano específico, es decir, no llega oxígeno y tampoco se eliminan desechos metabólicos y toxinas, en conclusión la célula se muere.
Sus principales síntomas son dolor intenso cuando se está en reposo, calambre en los dedos o el pie, úlceras isquémicas, es decir, heridas o llagas abiertas, generalmente en los talones o dedos de bordes bien definidos, dolorosas y con extrema dificultad para cicatrizar. cambios físicos en la piel, se vuelve brillante, fina, seca y sin vello, puede tornarse pálida, amoratada o rojiza, engrosamiento de las uñas de los pies y ausencia de pulso palpable en tobillos o pies, entumecimiento, hormigueo o pérdida de sensibilidad en la zona.
Actualmente estamos analizando los datos de las muestras recolectadas en el año 2025, las cuales están en proceso de selección y análisis profundo para publicar un informe detallado en el segundo semestre, para entregar un estado actual de la composición del tusi en el país, y los cambios más significativos y riesgosos.
No obstante debemos advertir una vez más la preocupante situación de encontrar de manera preliminar un aumento en la cantidad de benzodiacepinas, los hallazgos preliminares de Xilacina, trazas de fentanilo farmacéutico y las innumerables mezclas que por ser lotes pequeños de rápida distribución y consumo nunca llegan a nuestras manos para el análisis.
Qué responsabilidad recae sobre las políticas de reducción de daños y las entidades publicas.
No conocemos estrategias masivas de alto impacto de prevención o reducción de daños en consumo de tusi en Colombia que sean impulsadas por la institucionalidad pública. Pese a que se conoce este fenómeno hace más de 10 años, ni siquiera aparece en las encuestas de poblaciones de consumo develando la falta de interés del gobierno en el fenómeno y la incapacidad técnica para emitir alertas tempranas o responder a estas de manera adecuada.
Lo único que puede reducir el impacto negativo del consumo de tusi en Colombia son las acciones comunitarias de reducción de daños que muchas organizaciones realizamos en el país, sin embargo, estas acciones no son apoyadas por los gobiernos nacionales o locales, ya que la política de drogas en Colombia ha avanzado más en el discurso que en la asignación real de presupuesto y capacidades operativas. A esto se suma que todavía persiste un fuerte estigma hacia la reducción de daños, vista erróneamente por algunos sectores como un enfoque permisivo y no como una estrategia basada en salud pública y evidencia científica. Lo que hoy se sabe del turismo es gracias a programas de análisis de sustancias y reducción de daños de organizaciones comunitarias.
Fuimos nosotros quienes advertimos al país durante más de una década las principales tendencias, mezclas, daños del tusi y así como sus consecuencias y hoy desafortunadamente la tendencia lo ratifica, “El tusi, es el basuco de la generación de centennials” y apenas estamos empezando a ver los daños individuales y sociales de esta sustancia.
Para prevenir más casos es fundamental invertir en estrategias de análisis de sustancias que lleguen directamente a los territorios y a los lugares donde ocurre el consumo, mediante unidades móviles y servicios comunitarios de reducción de riesgos y daños. También es urgente hablar en colegios, universidades y espacios juveniles sobre los riesgos reales del tusi, sin moralismos ni prejuicios, pero sí con evidencia científica y enfoque de salud pública. Además, el Estado debe fortalecer y financiar a las organizaciones comunitarias que ya trabajan en análisis de sustancias y alertas tempranas. La política de drogas no puede quedarse en documentos o discursos: debe traducirse en investigación, prevención y presencia real en los territorios
Contacto de Prensa: Estefanía Sánchez Directora ATS / Proyecto CAMBIE
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📍 Cl. 33 #19-60, Barrio Teusaquillo – Bogotá
[1] https://echelecabeza.com/2cb-vs-tusibi-color-o-mal-llamada-cocaina-rosada/
[2] https://echelecabeza.com/ingredientes-del-tusi-y-mdma-adulterado-2022-informe/
[3] https://www.echelecabeza.com/wp-content/uploads/2023/03/Informe-Echele-Cabeza-Ingredientes-del-tusi-y-adulterantes-en-MDMA-1.pdf
[4] https://echelecabeza.com/que-tiene-la-cocaina-que-consumes/
[5] http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-87052015000200012
[6] https://www.echelecabeza.com/wp-content/uploads/2023/03/Informe-Echele-Cabeza-Ingredientes-del-tusi-y-adulterantes-en-MDMA-1.pdf
[7] https://echelecabeza.com/entre-el-sensacionalismo-y-la-evidencia-ii-parte-el-posible-dano-a-la-vejiga-en-usos-prolongados-frecuentes-y-abundantes-de-ketamina-y-tusi/
[8] https://www.minjusticia.gov.co/programas-co/ODC/Documents/SAT/Alertas/Alerta-sobre-el-hallazgo-de-Xilacina.pdf
[9] https://surgicoll.scholasticahq.com/article/122464-xylazine-induced-skin-necrosis-emerging-public-health-crisis-and-the-ethical-considerations-in-surgical-reconstruction-a-case-report



