El papel del bienestar emocional en la reducción de riesgos y daños.

Author picture

Escrito por:

Comparte este artículo:

Más allá de la productividad: Reconceptualizar el bienestar emocional desde la RRD

La Organización Mundial de la Salud (OMS, 2004) ha definido la salud mental como un estado en el cual las personas logran afrontar las tensiones cotidianas y adaptarse a las dinámicas de su entorno. Históricamente, este concepto ha sido promovido desde un modelo tradicional e institucionalizado que evalúa al ser humano según su capacidad de adaptación y productividad. Bajo esta lógica, se estructuró un sistema centrado en el síntoma y el diagnóstico como criterios para la intervención, y, en algunas ocasiones, omitiendo las condiciones estructurales que atraviesan la realidad de las personas. No obstante, comprender las bases de este abordaje histórico nos permite reconocer sus alcances y limitaciones, abriendo el camino hacia la creación de mejores estrategias y herramientas para acompañar el malestar psíquico de manera integral. 

Es desde esta necesidad de renovación que toma fuerza el concepto de bienestar emocional, entendido ya no como la simple ausencia de enfermedad, sino como un constructo subjetivo centrado en el afecto positivo y la satisfacción con la vida. Si bien la lectura clínica conserva su valor al estructurar tratamientos eficaces, la psicología contemporánea exige enlazar el diagnóstico con la realidad contextual. Esto permite reconocer que la presencia de una patología no invalida la capacidad de experimentar bienestar emocional, desmitificando la idea de que lo patológico es un estado de malestar absoluto y comprendiendo al ser humano en su verdadera complejidad. 

Es imperativo reconocer el valor de abordajes diferenciales y de la psicología contemporánea para trazar puentes complementarios en los acompañamientos a las personas, tomando distancia de los modelos eurocéntricos y norteamericanos para responder a las dinámicas específicas del contexto latinoamericano, donde el sufrimiento psíquico no es sólo una dificultad aislada, sino el resultado de complejas interacciones contextuales, históricas y sociales. 

El panorama actual del país, caracterizado por un incremento en los trastornos de ansiedad, depresión, conducta suicida y el aumento exponencial en los diagnósticos de patología dual, evidencia cómo el uso problemático de sustancias psicoactivas (SPA) actúa, en gran medida, como un mecanismo desadaptativo de afrontamiento ante el sufrimiento emocional y el aislamiento social (Szerman & Peris, 2018). Ante esta arista de la salud mental contemporánea, el abordaje psicológico exige trascender las posturas prohibicionistas e incorporar el enfoque de Reducción de Riesgos y Daños (RRD) como un marco ético y pragmático orientado a minimizar los impactos negativos del consumo, promover decisiones informadas y priorizar el bienestar integral del sujeto.

De este modo, el modelo de Reducción de Riesgos y Daños (RRD) emerge como una alternativa idónea para abordar la diversidad de realidades en torno al uso de sustancias. Este enfoque sitúa el bienestar en el centro de la acción, reconociendo que la gestión del riesgo abarca tanto el acompañamiento del sufrimiento emocional, como la legitimación del placer, la búsqueda de estados alterados de conciencia y los usos no problemáticos o autorregulados. Así, la intervención se estructura desde un modelo afirmativo, basado en la autonomía, la educación para la gestión del consumo y la garantía de los derechos humanos y la dignidad de las personas.

Esto contrasta con modelos tradicionales de abordaje de consumo de SPA, cuyo énfasis se da en  la gestión de riesgos físicos y el suministro de insumos, terminando por invisibilizar el malestar subyacente de la persona y reduciendo la intervención a un asistencialismo técnico. Al hacerlo, se pierden de vista aquellas posibilidades de comprensión y dignidad que el sistema de salud tradicional ha sido incapaz de acoger.

El panorama actual de Colombia

Tras la pandemia de COVID-19, los indicadores epidemiológicos en Colombia revelaron que el 66,3% de los ciudadanos enfrentó problemas de salud mental en algún momento de su vida, mientras que la demanda en las líneas de asistencia territorial aumentó un 30% (Ministerio de Salud y Protección Social [Minsalud], 2023). Entre 2019 y 2025, los trastornos de ansiedad constituyeron la mayor carga de morbilidad en el país (2.281.871 casos), seguidos por los trastornos depresivos (1.186.547 casos) y el trastorno bipolar (525.058 casos). En las tres categorías, las mujeres registran la mayor prevalencia.

En contraste, la conducta suicida consumada muestra una diferencia de género relevante: el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses (INMLCF) reportó que, en el año 2025, los hombres representaron el 79% de las muertes por lesiones fatalmente autoinfligidas en comparativa del 32% de las mujeres. Esta cifra refleja mandatos culturales de masculinidad que reprimen la expresión de vulnerabilidad y restringen el acceso a acompañamiento temprano, factores que en muchos casos conducen también a consumos problemáticos de sustancias como mecanismo de afrontamiento.

El Ministerio de Salud de Colombia revela que, en un periodo de nueve años, un total de 185.368 personas fueron atendidas por una patología dual, que es la comorbilidad existente entre un trastorno mental y un trastorno por uso de sustancias; una relación compleja donde el malestar emocional y el consumo se retroalimentan, elevando las tasas de ideación suicida, admisiones a urgencias, aumento de las conductas de riesgo, peligros en las interacciones farmacológicas, y el abandono de los programas tradicionales. 

El impacto de las plataformas digitales también se identifica como detonante de sintomatologías ansioso-depresivas e ideación suicida en jóvenes. Particularmente, el ciberacoso altera los mecanismos de afrontamiento, desvaloriza la autoestima y profundiza el aislamiento social.

A este escenario se suman las barreras críticas del propio sistema de salud. De las 7.100 Instituciones Prestadoras de Servicios (IPS) con servicios de salud mental en el país, el 84% son de carácter privado, lo que explica por qué el 34,6% de las personas califica la atención recibida como “Mala” o “Muy mala” debido a la falta de humanización y oportunidad. Ante un sistema asistencialista que excluye o patologiza, los modelos de RRD de base comunitaria se convierten en una red de apoyo esencial para las poblaciones vulnerables.

El enfoque biopsicosocial: El puente hacia la RRD

La implementación del modelo biopsicosocial (Engel,1977), permite conectar con la esencia de la RRD, al comprender a las personas como entes biológicos, psicológicos y socioculturales. Bajo este enfoque, el bienestar emocional cobra fuerza para replantear la perspectiva individualista y transformarla en una mirada relacional y comunitaria; un espacio donde las personas puedan desplegar sus capacidades y logren tramitar las tensiones cotidianas e integren su tejido social desde la dignidad y el cuidado mutuo. 

Por lo tanto, la Reducción de Riesgos y Daños no puede limitar su asistencia al material; debe comenzar a intervenir el sufrimiento psíquico integrando estrategias de bienestar emocional comunitario y acompañamientos psicológicos que permitan crear estrategias que contemplen las vulnerabilidades económica, social y política que generan malestar emocional crónico y como consecuencia, un aumento problemático del uso de sustancias. 

El bienestar emocional y los acompañamientos comunitarios permiten validar la historia de las personas sin estigmatizar, transformando los centros de atención en entornos protectores, seguros y no patologizantes que mitigan las problemáticas asociadas al uso de sustancias. Bajo esta mirada, ya no se busca únicamente evitar una sobredosis o una infección, sino también mitigar el aislamiento social, las barreras de acceso a los servicios de salud y la desesperanza aprendida. De este modo, la salud deja de entenderse como la ausencia de consumo y empieza a concebirse como la capacidad de las personas y las comunidades para reconocer, comprender y gestionar sus emociones, pensamientos y experiencias de manera que favorezcan su bienestar, fortalezcan su autonomía y les permitan tomar decisiones informadas sobre su propia vida. Se asume, entonces, que las realidades de alta vulnerabilidad generan malestares psíquicos que se retroalimentan en un ciclo de sufrimiento e intentos de adaptabilidad mediante el uso  sustancias, y que por lo tanto, el acompañamiento psicológico debe dejar de negarlo y ayudar a traducirlo en mejores respuestas adaptativas 

Unir la RRD con el bienestar emocional comunitario permite derribar el estigma y las barreras de acceso de los servicios convencionales; así, este modelo se configura como un puente para reconocer el alivio psíquico y el cuidado mutuo como derechos humanos fundamentales, sentando las bases para un acompañamiento que no exige la abstinencia, sino la escucha, la educación basada en la evidencia y la empatía como requisitos indispensables para validar la experiencia humana, y por ende, mitigar el malestar psíquico de las personas.

En respuesta a estos desafíos, la Corporación Acción Técnica Social – Échele Cabeza ha consolidado una propuesta de acompañamiento articulada con la reducción de riesgos y daños (RRD), que reconoce el bienestar mental como un componente esencial del cuidado, fortalece la autonomía de las personas y promueve respuestas comunitarias basadas en la evidencia.De este modo, reconocemos la importancia de incorporar una mirada psicológica, generando entornos seguros y sin estigmas para mitigar el malestar psíquico a través de herramientas de cuidado. 

Si quieres iniciar un proceso de escucha y atención, te invitamos a solicitar nuestro portafolio de servicios de acompañamiento psicológico para conocer la oferta y solicitarlo por este medio.

Solicita aquí tu acompañamiento. 

Portafolio de orientación psicologica aqui:

Portafolio Orientación Psicológica EC:ATS

Referencias

Rhodes T. Risk environments and drug harms: a social science for harm reduction approach. Int J Drug Policy. 2009 May;20(3):193-201. doi: 10.1016/j.drugpo.2008.10.003. Epub 2009 Jan 14. PMID: 19147339. 

Ministerio de Salud y Protección Social. (2023). Encuesta Nacional de Salud Mental: Tomando el pulso a la salud mental en Colombia. MinSalud / Centro Nacional de Consultoría (CNC). https://www.minsalud.gov.co

Ministerio de Salud y Protección Social. (2024). Reporte de Carga de Enfermedad por Trastornos Mentales y del Comportamiento en Colombia (Datos RIPS – SISPRO 2019-2023). Oficina de Epidemiología y Demografía. Bogotá D.C., Colombia.

Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). (2024). Estadísticas Vitales (EEVV): Registro de Defunciones por Causas Externas e Intencionales en Colombia (Histórico 2019-2023). Dirección de Censos y Demografía. Bogotá D.C., Colombia.

Instituto Nacional de Salud (INS). (2024). Informe del Evento: Intento de Suicidio, Colombia (Datos consolidados Sivigila). Dirección de Vigilancia y Análisis de Riesgo en Salud Pública. Bogotá D.C., Colombia.

Ministerio de Salud y Protección Social. (2018, 7 de noviembre). Resolución 4886 de 2018: Por la cual se adopta la Política Nacional de Salud Mental. Bogotá D.C., Colombia.

Organización Panamericana de la Salud (OPS) & Organización Mundial de la Salud (OMS). (2023). Informe de la Comisión de Alto Nivel sobre Salud Mental y COVID-19: Una nueva agenda para la salud mental en las Américas (NASMA). Washington, D.C.: OPS.

Engel, G. L. (1977). The need for a new medical model: A challenge for biomedicine. Science, 196(4286), 129-136.

Comparte este artículo:

Author picture

Escrito por:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll to Top